Diego Climent Gas

“Hace unos años mi vida dio un cambio de 180 grados, y decidí empezar a trabajar en el ámbito educativo. Entonces decidí agarrar un avión e irme a Chiapas (México) a descubrir que era lo que realmente me hacía feliz. Allá empecé a colaborar en proyectos educativos con raíz social y a formarme de forma más específica en educación e inteligencia emocional.”

  1. ¿Cuál ha sido tu “momentazo” desde que trabajas en este proyecto? Ese momento en que un niño te sorprende con alguna cosa que jamás habías pensado, y que te hace aprender algo nuevo. Y darte cuenta que siempre hay mucho que aprender de los más pequeños.
  2. ¿Qué te aporta más de trabajar con tu equipo? De la misma forma que de los niños y niñas, aprender de las personas que están alrededor es algo básico para mí.
  3. Si pudieras ¿qué cambiaras del sistema educativo convencional? Para mi hay dos cosas básicas, una es que los niños y niñas se levanten de las sillas, y se conviertan en agentes activos en la educación. Y por otro lado, darle más importancia al juego dentro del aprendizaje diario.
  4. ¿Qué desayunas por las mañanas? Café muy cargado!!
  5. De todos los países a los que has viajado, ¿cuál es tu preferido y por qué? México, y más concretamente Chiapas. La belleza del país no está solo en su naturaleza y cultura. Sino en las personas que allá viven, que son las que realmente hacen que te enamores de esa bonita tierra.
  6. Y ahora a mojarse, ¿con que cita te sientes más identificado? La vida es para vivirla mejor. (Los Fabulosos Cadillacs)

Hace unos años mi vida dio un cambio de 180 grados, y decidí empezar a trabajar en el ámbito educativo. Hasta ese momento había estudiado la Licenciatura en Psicología en la Universidad Jaume I, había cursado dos másteres (Psicología Organizacional y Prevención de Riesgos Laborales), y trabajaba en investigación y formación para la misma universidad, pero había algo que no me hacía feliz.

Entonces decidí agarrar un avión e irme a Chiapas (México) a descubrir que era lo que realmente me hacía feliz. Allá empecé a colaborar en proyectos educativos con raíz social (Escuela Mahatma Gandhi, Fundación Yirtrak, Tsomanotik, Chantik Taj Tajinkutik) y a formarme de forma más específica en educación e inteligencia emocional. . Hasta que al final junto a otros compañeros cree un espacio educativo (Ludoteca Iglú) que estuvo operativo durante 2 años en la ciudad de San Cristóbal de las Casas.

Después de 4 años allá volvi a mi ciudad natal, Castelló, y me embarqué en un proyecto de educación viva, activa y no directiva como es Momo Espai Educatiu.

Mis dos grandes pasiones son la música, especialmente hacer ruido detrás de un batería, y el rugby, un deporte con unos valores intrínsecos  que la gran mayoría de las personas desconoce.