Escuelas para el siglo XXI

Abrir el diario y encontrarte con un titular como este, ‘Así consigue Finlandia ser el número uno en Educación en Europa’, como mínimo consigue despertar tu curiosidad. Y si tienes hijos o hijas en edad escolar te lees desde la primera hasta la última de las 846 palabras de la noticia. ¿Empiezan antes a ir a la escuela? No, empiezan hasta los 7 años. ¿Tienen más horas lectivas?  No, 267 menos que en España.

El artículo desgrana algunas de las respuestas, incluida la aportación de un lector sobre la ratio (15 alumnos por maestro en lugar de 30 como en España), pero queríamos saber más. Y nos encontramos con que, a finales de 2003, a las puertas de una profunda reforma educativa, Finlandia se preguntó: ¿Qué es necesario poner en el centro del sistema, el alumno o los conocimientos? Y eligió la primera alternativa.

“La idea de que un alumno feliz, libre de progresar a su ritmo, adquirirá más fácilmente los conocimientos fundamentales no es una utopía de un pedagogo iluminado: es simplemente la idea que orienta la acción de todos: el Estado, las municipalidades, los directores, los profesores…”, escribe Paul Robert, director del colegio Nelson Mandela de Clarensac, Gard, Francia.

Esa Räty, director del colegio Niinivaara, en Joensuu, resume esa filosofía en una frase: “Cada alumno es importante”. Y probablemente os preguntaréis cómo lo hacen. Pues una de las claves que apuntan es la adaptación de los ritmos de aprendizaje a cada niño y niña. Según el informe de Paul Robert, en el jardín de infancia (de 1 a 6 años) y en la educación preescolar (de 6 a 7 años) se pretende sobre todo despertar las aptitudes de los niños, sus habilidades, su curiosidad. Cada día es dedicado a una disciplina (música, deporte, actividades manuales o artísticas, lengua materna, matemáticas) pero los niños trabajan solamente por la mañana, siempre de manera muy atractiva: estimular, motivar, escuchar. La tarde se reserva al juego.

No dudamos de que habrá más razones, pero en Clap! somos plenamente conscientes de lo importante que es adaptarse a los diferentes ritmos de aprendizaje, de diseñar sesiones que estimulen las diferentes capacidades de niños y niñas, de utilizar el juego como herramienta educativa, de diseñar actividades que potencien la motivación…

Afortunadamente no hay que irse a Finlandia para encontrar modelos que propongan situar en el centro del sistema educativo al alumnado.  En Cantabria nos encontramos con el proyecto ¡A volar!, un colectivo que quiere promover el debate social sobre la educación en las aulas e intenta apoyar un cambio en los centros educativos de Cantabria.  Sus principios de identidad buscan, en definitiva, una escuela en la que se promueva la curiosidad intelectual, la capacidad crítica del alumnado y la reflexión.